CRISTALINAS

Entre el mar y la tierra, en terreno de arena, algas y rocas, las cristalinas asoman sus colores opacos salpicando de sorpresas la constante línea cromática de la costa. Son pequeños trozos de vidrio, cristales rotos que han sido abandonados a su suerte, viajando sin prisas y con pausas por la ruta de la erosión. Agua, sol, sal y arena convierten a estos añicos de cristal en curiosas y preciosas gemas marinas con sus bordes y contornos pulidos y redondeados. El tiempo, las vueltas y el capricho de las olas, moldean estos guijarros transparentes, otorgándoles a cada uno de ellos una personal e irrepetible forma geométrica. Los buscadores de cristales marinos tenemos en común el siguiente código de conducta: si encontramos un trozo de cristal que todavía tiene aristas, algunas afiladas, lo volvemos a dejar donde está para que el mar acabe su trabajo. Algo similar a lo que ocurre con los buenos pescadores cuando devuelven al mar los peces pequeños. Con los ciclos naturales lo más prudente y sensato es no interferir y dejar que el tiempo establezca el ritmo pertinente para que la vida fluya con cierto sentido común. Richard LaMotte, autor del libro Pure Sea Glass y poseedor de más de tres mil piezas de cristal marino, asegura que el mar tarda unos diez años en pulir y redondear las aristas de una cristalina, y entre veinte y treinta años en dejarla completamente lisa. Puede que esa sea una de las razones que más nos llama la atención a los que nos dedicamos a buscar esos preciados tesoros, la conversión de algo que fue destruido y que dando tumbos entre el viento, la arena y el mar busca una segunda oportunidad. Son, en definitiva, los pedazos rotos de una botella sin mensaje, cristales que han sobrevivido a la era del reciclaje para reciclarse ellos mismos con un soplo de aire, una pizca de sal, una caricia de arena y una lágrima de mar. Porque a veces el paso del tiempo requiere de otros ingredientes para marcar la diferencia entre algo que se rompió y algo que jamás volverá a romperse. Pequeñas decepciones del pasado que se convierten en pequeños deseos de colores aun por cumplirse. Y si para algunos es de locos recoger estos cristales del suelo, para otros sería una verdadera locura no hacerlo. Llámalo energía; llámalo entretenimiento, o bien, llámalo esperanza.

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EL CANTO SOLITARIO DEL PINZÓN CEBRA

Pertenezco, profesionalmente, a una de las últimas generaciones de pinzones que aún seguimos revoloteando de un atril a otro de las salas de doblaje. Desde hace ya algunos años, el avance tecnológico e informático ha revolucionado la profesión de ponerle voz en español a los personajes de la pantalla que hablan en otro idioma. Lo que para unos es un arte y para otros una opción, para otros tantos más, es un atentado contra la indiscutible versión original del diálogo, pero gracias a esa disparidad de criterios, el mundo sigue girando y podemos intentar ejercer en paz, algo tan delicado como es la tolerancia. Sé que este tipo de daños colaterales se han producido también en muchas otras profesiones, ventajas y desventajas del cambio de ritmo de los mercados, la inmediatez de los cobros y el cambio de prioridades entre una elaboración artesanal y un macroresultado de factoría. Nada se escapa a la velocidad que marca el ignorante. Hasta hace unos pocos años, los actores de doblaje nos situábamos juntos frente al atril, interpretando juntos el guión que nos marca la distancia de la pantalla y nos delimita la línea que separa la realidad de lo fantástico. Ahora no, y sólo en raras ocasiones, coincides con algún que otro compañero y compartes una banda de sonido aparte. Cuando doblábamos juntos una película, hablábamos entre nosotros de lo que estaba ocurriendo en la pantalla, nos aportábamos distintos puntos de vista del personaje, y jugábamos a vivir y decir, folio a folio, take a take, la vida, las sensaciones y las emociones de otros, para que, a su vez, otros, los espectadores, viviesen, sintiesen y se emocionasen, utilizando nuestra voz como puente invisible entre su butaca y la magia de la pantalla. Eran días y convocatorias en las que los grandes búfalos del doblaje, compartían su maestría con los polluelos que empezábamos a decir nuestras primeras frases de personajes sin nombre. Así habían aprendido ellos, y así nos enseñaban. Y película a película, gracias a su maestría, fuimos creciendo y además de aprender a volar solos, tuvimos el honor de volar junto a ellos, a una altura inimaginable. Trucos y secretos eran transmitidos en el atril, a media voz, y, una de dos, o volabas, o te caías. Si levantabas el vuelo, ellos te marcaban la ruta, y si te caías, no dudaban en recogerte para mostrarte, de nuevo, como mover las alas de manera adecuada. Pero todo eso ya pertenece al siglo pasado. Hoy doblamos los personajes cada uno en su banda aparte, es decir, te encuentras tú sólo en el atril, y lo demás te toca imaginártelo, si es que te quedan tiempo y ganas. Y eso, por mucho que me digan, se nota en el resultado final de un doblaje. Los nuevos profesionales de estos últimos años no han tenido, ni tendrán, la posibilidad de acceder al privilegio que vivimos algunos en aquellos días. Nuestra historia es similar a la del pinzón cebra, un ave, cuya secuenciación del genoma, nos ha ayudado a desvelar algunos misterios del lenguaje. Un talento común entre los humanos y las aves cantoras, es su capacidad de comunicarse a través de vocalizaciones aprendidas. El joven pinzón cebra escucha atentamente y memoriza el canto de un tutor adulto durante un tiempo, para después desarrollar su propio canto. Un canto que produce en su cerebro una serie de transformaciones moleculares que logran que un incipiente lenguaje se convierta en una obra de arte musical que guía la elección de pareja y el establecimiento de redes sociales. Algo que no ocurre con otra ave, el pollo, que ni canta ni aprende a cantar. Cuestión de genoma y de los 1.200 millones de nucleótidos que desarrolla, lección tras lección, el pinzón cebra. Hoy, por el atril de una sala pasan y se posan, pollos y pinzones cebra. Aún cantando en solitario, y en memoria de mis maestros, tengo muy claro a qué grupo pertenezco.

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PTEN

Agobiados por tanto desastre macroeconómico; ahogados por las garras del sistema financiero; despistados por la crónica social; y espantados por tanto tejemaneje entre empresarios y políticos, me parece que se nos ha pasado por alto una noticia que ha cruzado de puntillas el escenario de los medios informativos y que, bajo mi punto de vista, bien podríamos calificarla como una de las noticias más relevantes del siglo. Vivir más, comiendo sin temor a engordar y protegidos frente al cáncer podría ser algo más que una quimera científica. El trabajo, o boceto de milagro, lo están realizando Manuel Serrano y Ana Ortega, investigadores españoles del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en estrecha colaboración con un grupo especial de valientes ratones, también españoles, diseñados genéticamente, y que ya forman parte, por su altruismo y heroicidad, de la leyenda que nos está llevando a humanos y roedores a darle este inesperado mordisco a la esperanza. Los investigadores estaban experimentando con un gen ‘anticáncer’, el gen Pten y observaron que los ratones portadores del Pten, además de ser más resistentes al cáncer que el resto, vivieron un 12% más de media, dato que trasladado a la vida humana significaría unos diez o doce años más de vida. Pero el resultado positivo aún les deparaba otra sorpresa, los ratones portadores del Pten, eran bastante más delgados que sus compañeros pese a comer bastante más que ellos. De hecho, corrían menos riesgo de desarrollar diabetes y su hígado toleraba mejor las grasas que el hígado de sus congéneres normales. Los ratones con el gen Pten, tenían una mayor cantidad de grasa marrón, un tejido que utiliza la grasa para convertirla en energía, impidiendo que el exceso de nutrientes consumidos se almacene, formando lo que comúnmente conocemos como ‘lorzas’ o ‘michelines’. En definitiva, que el tal gen Pten puede resultar ser un escudo defensivo natural contra los efectos de la obesidad, es decir: ictus, cáncer, ataque al corazón, insuficiencia cardíaca y renal, arteriosclerosis y diabetes. El CNIO ya ha desarrollado un compuesto con el mismo efecto beneficioso que el gen Pten. Ahora bien, la celeridad con la que se pongan en marcha los pertinentes ensayos clínicos, probándolo en pacientes humanos, depende en gran medida de que este centro cuente con los recursos económicos suficientes como para poder licenciar el compuesto y efectuar la inversión millonaria suficiente. Si no tuviésemos el sentido común tan atrofiado, nos dejaríamos de gilipolleces y dedicaríamos todos los esfuerzos en apoyar esta maravilla de investigación, pero, vaya usted a saber, en una de esas, el chupatintas de turno se habrá llevado las manos a la cabeza pensando en que también habría que retrasar la edad de jubilación entre diez o doce años más, sin contar con que además, se nos iba a tomar por saco la dieta mediterránea. Sin olvidar, por supuesto, que si se anula la posibilidad de amortización de los costosos aparatos de la industria sanitaria, se anula la posibilidad de que alguien esté haciendo negocio con nuestra vapuleada salud. Sería todo un detalle poder vivir doce años más, hacerle una finta al cáncer, y poder comer lo que quisiésemos sin engordar. Pero de momento les resulta más rentable mantenernos acojonados, culparnos por nuestra mala cabeza y nuestros peores hábitos que deterioran nuestra salud, y así, poder sacarle partido a la puta y costosísima maquinita del hospital que hace ‘piiinnng’. Tenemos la pasta. Tenemos el nombre del gen. Si queremos, esta vez, el asunto está en nuestras manos.

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LA ECUACIÓN DEL DOBLAJE

O + E + S = T. Esta es la ecuación que les planteo a mis alumnos del Curso de Doblaje e interpretación, una fórmula que nos permite en el atril intentar copiar y ‘pegarnos’ a los tonos y las inflexiones del personaje que estemos doblando. En especial, la ecuación resulta muy útil cuando por diversas circunstancias (una trama complicada, una cota emocional compleja, una particular musicalidad lingüística extranjera) la habilidad en copiar de manera hablada el texto del personaje se nos resiste por los cuatro puntos cardinales de la interpretación. Es entonces cuando la ecuación nos brinda la posibilidad de ‘decir’ el texto aproximándonos a la intención y la intensidad del personaje en cuestión. El desglose es el siguiente: ORIGINAL + EMOCIÓN + SENSACIÓN = TONO. Primero escuchamos el ORIGINAL, es decir, la frase dicha por el personaje en su idioma original; una vez escuchada la frase, ese ORIGINAL nos aporta una EMOCIÓN, o lo que es lo mismo, el texto dicho nos remite a lo que nos hace sentir y al modo en que afecta a nuestra respiración y a nuestro volumen de voz; y, por último, al ORIGINAL escuchado y a la EMOCIÓN recibida, le sumamos la SENSACIÓN que nos produce, la pregunta interior que nos formulamos sobre cómo diría yo este texto, en estas circunstancias y sintiendo lo que siente el personaje. El resultado de la suma de estos tres conceptos nos da el TONO que debemos emplear a la hora de repetir e interpretar el texto con nuestra voz, pero con el lenguaje corporal del personaje. Pero la ecuación O + E + S = T, requiere de una elaborada conjunción de otros tres factores, I + T + T, Ilusión + Talento + Técnica. Sí, no es fácil, o, al menos, no tan fácil como algunos creen que es. Se precisan muchas horas de trabajo, meses, años, y tener clara la certeza de que el truco consiste en mantener una actitud de constante aprendizaje. El día que dejas de encontrar algo nuevo; de arriesgarte; de sorprenderte; ese día, caes en la trampa de la autocomplacencia, y eres arrastrado a un vacío lleno de resentimientos y ávido de fútiles reconocimientos exteriores. Admiro y respeto a las compañeras y compañeros que hacen que parezca fácil lo difícil; que observan, viven y sienten la vida, a sabiendas de que de ella extraen las emociones, sensaciones, y silencios que más tarde gestionarán frente al atril. Porque la verdadera magia se produce cuando en la realidad del atril, vivimos la ficción, amasando nuestras propias vivencias con las del personaje, horneando a fuego lento nuestro objetivo prioritario: la credibilidad. Aquí somos actores de doblaje; en los Siete Reinos, seríamos unos ‘cambiapieles’. Y eso, es inmensamente reconfortante y divertido.

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CRISIS DE ALTOS VUELOS

Monedas, la chatarra que llevamos en el bolsillo, parece ser la esperanza de supervivencia de las aerolíneas. Ryanair ha sido la primera en estudiar la aplicación del cobro de servicios básicos al pasajero en pleno vuelo, y cuando alguien se pone a estudiar la posibilidad de cobrar por algo, los demás se ponen las pilas y al final acabamos pagando por todo. Se acabó aquello de echar gratis una meadita a nueve mil metros de altura, ahora van a instalar un cobrador automático que a base de echarle monedas nos proporcionará acceso limitado al mingitorio del avión. Y para aquellos atrevidos que estuviesen pensando en llevar a cabo la fantasía erótico-festiva de colarse con su pareja en el servicio y rematar una faena a novecientos kilómetros por hora, les diré que ‘el frotar se va a acabar’. La moneda empleada para abrir la puerta sólo permite la entrada de una persona y durante un breve espacio de tiempo, por lo que si no tiene a un cómplice que siga introduciendo monedas desde fuera, se arriesga a que, una vez rebasado el limite de tiempo, el w.c, se convierta en una cabina de despresurización y todo lo que haya subido, volverá a bajar. También, una vez dentro, si por un casual, usted quiere extraer unos centímetros de papel higiénico, no podrá conseguirlo, a no ser que introduzca otra monedita en el dispensador correspondiente, y entonces, en ese caso, podrá contar con treinta centímetros de papel de doble capa. Al tirar de él, una voz le dirá eso de ‘Su papel, gracias’. En el supuesto caso de que usted pretenda lavarse las manos y refrescarse la cara, ya puede llevar una monedita para la dosis de jabón liquido y otra para obtener un chorrito de agua de veinte segundos, si no, pase a la fase ‘darse un par de lametones en las manos y lavarse a lo gato’. Y esto sólo es el principio de un ‘suma y sigue’. La azafata encargada de indicarnos las puertas de emergencia y de escenificar la puesta a punto del chaleco salvavidas, pasará la gorra por los asientos, y ay de usted si no es generoso con ella, porque de su donativo depende que alguien acuda a su llamada cuando quiera pedir una manta o algo de beber. La activación del cinturón de seguridad y de las mascarillas de oxigeno también dependerá de las monedas que haya introducido en la ranura instalada en el espacio que antes ocupaba el cenicero. Una moneda para el cinturón y dos para la mascarilla. Si se ha quedado sin calderilla le recomiendo que muerda fuertemente el respaldo del asiento delantero y si llegase a necesitar la mascarilla, por su bien, lleve en su equipaje de mano un tupperware vacío, meta la cabeza en él, coja una gran bocanada de aire y aguante la respiración hasta que se abra la compuerta delantera. Volar será un lujo reservado para unos pocos elegidos y algo más caro para los que sufran de un problema de próstata. Cuando los precios están por las nubes, lo más prudente, a partir de ahora, va a ser llevar las suficientes monedas.

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RECICLAJES

Toda mudanza implica cambios, y los cambios conllevan seleccionar con esmero lo que te llevas en el viaje a tu nuevo destino. Y cuando tu nuevo destino vuelve a ser el Mediterráneo, la selección se produce casi de manera natural. En otras palabras, para embarcarse en una nueva singladura lo más práctico es soltar lastre, dejar atrás todo aquello que ocupa un espacio excesivo en la lista de recuerdos con la fecha de caducidad vencida. La prioridad de lo imprescindible, de lo que permanece arraigado a ti más allá de la simple posesión material, viene marcada por una indiscutible sensación de que, al margen de que las cosas son como son, también las cosas cambian. Aunque en algunos casos, reconozco que si bien las cosas no cambian, el que sí cambia es uno. Y estos cambios no son siempre del todo entendidos, pero lo bueno de esos cambios es, precisamente, que no van en absoluto ligados a ningún tipo de comprensión ajena. En definitiva, las cosas, como la vida, se reciclan. Reciclamos gente; reciclamos objetos; reciclamos recuerdos; reciclamos ideas, creencias y consejos. Reciclamos porque de ese reciclaje depende en gran medida la salud de la capa de ozono de nuestra existencia. Depositas los cristales rotos de las verdades y las mentiras en el contenedor verde; en el contenedor azul, los papeles que alguien que ya no eres escribió con tinta de sombra vagabunda, y las fotos descoloridas y desenfocadas de un tiempo que además de haber pasado parece no haber existido; en el contenedor amarillo todos los envases con mensajes de socorro que jamás fueron atendidos; y, por último, en el contenedor gris, todo el resto de residuos que no tienen un sistema específico de recogida selectiva, es decir: miedos, pesadillas y decisiones erróneas, baterías gastadas que ya no soportan ni siquiera una última carga; juguetes rotos que eligieron vivir de cara a la pared, y un puñado de sensaciones perdidas entre una ridícula esperanza y esa extraña canción de la cara B de un disco de vinilo aún por escuchar. Y así, con el pasado reciclado, con la carga aligerada de tener que continuar rindiendo pleitesía a todo aquello que ya dejó de ser, pones rumbo al futuro. Navegando a barlovento y respirando un aire renovado; bordeando la costa y observando acantilados desde los que nunca más caerás.

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EL FUTURO DE LOS TELE-VIDENTES

La madrugada y la programación televisiva son agua y aceite. Una vez desechadas las opciones de los concursos-timo; los timo-comerciales de cuchillos mágicos y ungüentos de baba de babosa; y las citas erótico-telefónicas marcando el prefijo de Tenochtitlán, la franja televisiva es ocupada por los tele-videntes. Una legión de trileros de la videncia hacen alarde de diversas mancias y hechizos de nivel ‘Cheminova’ y conjuros extraídos de ‘Los Juegos Reunidos Geyper’, y toman al asalto la parrilla televisiva de la hora bruja. De toda esta panda de supervivientes de la cara oscura de la luna, posiblemente el más normal sea Octavio Aceves, un clásico que entre llamada y llamada te cuenta sus peripecias con algún novio en las Barbados, mientras le da al péndulo, ‘limpiando’ las cartas de su abuela. También aparece un tal Sandro, un tipo delgado y más serio que Solbes jugando al ajedrez, y que luce una larga melena lacia a lo Mónica Naranjo y que se dedica a lanzar bendiciones, a dar los números de la primitiva, y a contestar ´sólo’ a una pregunta, preferiblemente relacionada con el futuro, porque como él dice, ‘el pasado, es agua pasada’. Mención aparte la de una veterana enfundada en una túnica y rodeada de objetos imposibles comprados en los ‘chinos’, y que amparada por un tal San Borondón, lanza rayos de luz curativos a mansalva. Otro susto televisivo lo provoca un tal René, que se dedica a paliar males de ojo a base de extraños gruñidos y rituales pirómanos. Lo cierto es que, por supuesto, las predicciones de estos magos del tres al cuarto se basan en que si hace sol es de día y poco más. Un pellizco para las compañías telefónicas y unas horas de producción barata para las televisiones. En definitiva, un carnaval de estafadores que no son más que el preludio del desembarco de otro rutilante negocio, el de los telepredicadores. Cuenta la leyenda que Gala, la mujer de Dalí, se encaprichó de Ted Neeley, el actor que interpretaba el papel de Jesucristo en la película ‘Jesucristo Superstar’ y lo invitó a Port Lligat. Ni que decir tiene, lo que debió suponer para Salvador Dalí el hecho de que su mujer le pusiese los cuernos con el verdadero ‘Salvador’. La cuestión es que Ted Neeley desapareció del mundo del celuloide y acabó como telepredicador en un canal de Los Ángeles, para pasmo de los espectadores, porque una cosa es que te aparezca el tal Sandro, y, otra muy distinta, que te aparezca un tipo que ya ha hecho de Jesucristo. Misterios del futuro, como el de mi amiga Paz, que hace quince años le hizo un retrato a su amigo Manolo como regalo de cumpleaños, pero no se lo llegó a regalar porque consideraba que no se parecía lo suficiente. Pero el otro día, revisando los bocetos, comprobó que pasados los años, ahora Manolo es clavadito al retrato que ella le intentó hacer años atrás. Es un caso de Dorian Gray, pero al revés. La constatación de que el boceto del presente es, ni más ni menos, que la asombrosa y exacta realidad del futuro. Igualito que el retrato de Manolo.

Cartas de tarot para realizar tarot amor

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