CAP&CÚA

Capicúa, es el número que es igual leído de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. En catalán, cap i cua, cabeza y cola. Mi percepción de las cosas es, definitivamente, capicúa. Me pongo la alarma del despertador marcando una hora capicúa; mi número abonado de la lotería es capicúa; los días 11 y 22 son merecedores de una especial atención; cada vez que cambio de coche sigo esperando que me toque una matricula capicúa; la habitación de un hotel adquiere una energía añadida si la primera y la ultima cifra son iguales; busco siempre el denominador común entre todo aquello que marca un inicio y todo aquello que marca un final. Nacemos con los ojos cerrados y morimos con los ojos abiertos, dormimos con los ojos cerrados pero soñamos con los ojos abiertos. Por eso me gusta lo capicúa, porque significa situarse en tierra de nadie, pero en territorio de todos. Una zona donde no importa el tamaño, un trayecto en el que solo importa que entre el principio y el final, las ideas se lean igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Un lugar donde leer con los ojos abiertos y escribir con los ojos cerrados. Un espacio con una misma puerta de entrada y de salida. Acabo de cumplir 55. Hace 55 años que Sinatra publicó su álbum ‘Nice ‘N’ Easy’. Y durante los próximos trescientos sesenta y cinco días no voy a olvidar que 55 no es solo un número, es una actitud. Llevaba diez años esperando. Y hoy, por fin, vuelvo a tener una edad capicúa.

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EL ÁRBOL DE LOS DESEOS

Las tradiciones son como las recetas de cocina, uno acaba por moldearlas a su gusto y las sazona con más de aquello o menos de eso otro, hasta que damos con el punto exacto que se adecua a nuestro personal paladar. Algunas tradiciones permanecen arraigadas a la ciénaga del pasado, suelen ser tradiciones que a no ser que las hayas vivido desde tus días de cuna y pañales, nunca acaban por encajar en la elemental idea que tenemos de intentar hacer el ridículo lo menos posible, porque este tipo de tradiciones, vistas desde fuera y enfocadas con el objetivo de la imparcialidad, a lo sumo te pueden llegar a afectar lo suficiente como para que, simplemente, te traigan al pairo. En cambio, otras, las que tienen que ver más con los mágicos asuntos de los elfos, los druidas, los gnomos y las sensaciones de otros tiempos y otros mundos, que con las gaitas folclóricas que tenemos que cumplir por la discutible razón de que es algo que se lleva haciendo toda la vida, conservan el factor sorpresa y se incrustan en nuestro ánimo a través de nuestra propia intuición. Hace sólo unos días que me encontré con una de esas tradiciones. Fue en una vieja tienda de madera de puzzles, juegos clásicos y galimatías lúdicos donde me topé con el Árbol de los Deseos, una antigua creencia que, al parecer, ha llegado desde Escandinavia. Se trata de un bonito árbol de madera del tamaño de un folio y que esta troceado como un puzzle. Tanto el tronco, como las ramas con las hojas, están compuestos por fichas. Según la tradición escandinava, tienes que pensar un deseo, escribirlo en un trozo de papel, con el que envolverás una de las fichas y la guardarás. Cuando se cumpla el deseo, volverás a depositar la ficha en su sitio, y así consecutivamente. El árbol hará todo lo posible para siempre mantenerse con las suficientes ramas, pero por si acaso, los propios escandinavos te aconsejan que no te pases con el tamaño del deseo y que no olvides aquello de que “a Dios rogando, y con el mazo dando” y aquello otro de “no pedirle peras al olmo”. Qué listillos, estos escandinavos. Las piezas de ese árbol, son pequeñas porciones de energía que ayudan a dirigir nuestros deseos por territorios que van más allá del destino y que aguardan a ser recorridos por los senderos de la imaginación. De todos modos, si no tiene a mano el árbol-puzzle escandinavo, hágase con una hoja caída de cualquier árbol, escriba el deseo y guárdela. Cuando el deseo se cumpla, una nueva hoja brotará de una de las ramas, y si por aquello de los misterios de la Naturaleza, las hojas le empiezan a brotar a usted, hágaselo mirar y consulte con el responsable del vivero más cercano porque quién sabe, a lo mejor le llevan a la televisión, le convierten en un briconsejo de jardinería y acaba sacándose una pasta gansa, la misma pasta que, posiblemente, usted escribió como un deseo en alguna hoja caduca.

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LOS CUADERNOS DE LA VIDA

En los años 50, tiempos arrastrados en los que el material escolar era precario e inasequible para la mayoría, Ramón Rubio tuvo la brillante idea de elaborar él mismo el material didáctico de su academia. Creó una serie de fichas con ejercicios de apoyo en matemáticas y contabilidad con la finalidad de que sus alumnos consiguieran el dominio de los números y adquirieran una loable agilidad en el cálculo matemático. El emprendedor pedagogo, consciente de la importancia de tener una caligrafía impecable, se propuso crear un método básico de perfeccionamiento que no tardaría en llegar a las escuelas primarias. El revolucionario método consistía en una serie de fichas en las que los alumnos podían perfeccionar su caligrafía, gracias a técnicas como el punteado. Nacía así Ediciones Técnicas Rubio, en 1956, y los Cuadernillos Rubio, que el propio Ramón Rubio imprimía en su casa con una máquina artesanal. Medio siglo después, los cuadernillos continúan teniendo un uso destacado en la enseñanza escolar, así como en la ayuda a personas adultas que sufren enfermedades psicomotrices o que afectan a sus capacidades mentales. El Colegio de Farmacéuticos de Valencia y la Fundación Cuadernos Rubio han firmado un acuerdo para difundir las actividades que realiza dicha Fundación así como desarrollar conjuntamente iniciativas que favorezcan la mejor atención a las personas mayores y pacientes con deterioro cognitivo, afectados de Alzheimer y otras patologías neurodegenerativas. A este respecto, Cuadernos Rubio ha creado recientemente los ‘Cuadernos de Estimulación Cognitiva’, una nueva línea de cuadernillos que contienen actividades y tareas especialmente dirigidas a las personas mayores, con objeto de mantener en activo sus capacidades mentales y ayudar a mejorar su rendimiento cognitivo. Resulta llamativo el hecho de que una persona que conoció el nacimiento de los Cuadernos Rubio, y que posiblemente los adquiriera para sus hijos, ahora compruebe cómo se cierra el circulo volviendo a aprender las nociones básicas que la inquietante niebla del Alzheimer disipa a escondidas en su cerebro. Ramón Rubio, sin saberlo, proporcionó con su Método una llave maestra, una vía alternativa al temible deterioro de los recuerdos y la confusión de las emociones. En ese túnel oscuro en el que los fármacos aun no han logrado vencer ninguna batalla, unos sencillos cuadernos empiezan a arrojar algo de luz. Y de todos es sabido que donde hay luz existe vida. Y donde hay vida, hay esperanza.

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¡BENDITOS CURIOSOS!

Existen dos tipos de documentales: los que te incitan a echarte la siesta, y los que te quitan el sueño. Brian Knappenberger ha escrito, producido y dirigido ‘La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet’, un documental que estuvo nominado al Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance, y que pertenece a los de la segunda categoría. Cuenta la historia de Aaron Swartz, un niño prodigio de la programación informática, que con 14 años ya estaba implicado en el desarrollo del estándar RSS para leer y compartir contenidos en la web. Aaron se paseaba por Sillicon Valley, como Pedro por su ‘startup’(empresa de nueva creación con gran potencial de crecimiento), siendo propietario de la red social Reddit y director creativo de Open Library. Pues bien, Aaron aparcó su prometedor futuro como creador de varias empresas más que rentables, para dedicarse de lleno al activismo en defensa del software libre y de la libre circulación del conocimiento en Internet. Un curioso incorregible como Aaron, no concebía que la información no estuviese disponible de manera gratuita para generar más información y conocimiento, para permitir que millones de curiosos pudiesen utilizar en igualdad de condiciones una herramienta tan fundamental como lo es el acceso gratuito al saber, al porqué, cómo, y cuándo de las cosas. Aaron fue acusado de descargar ilegalmente millones de documentos del Instituto Tecnológico de Massachussets y tuvo que enfrentarse a una pena de cárcel y al pago de una desproporcionada multa. Y todo por curiosear. El 11 de enero de 2013, el brillante programador y activista informático de 26 años de edad, apareció muerto en su apartamento de Brooklyn. Dicen que se quitó la vida. Pero a veces, la vida a la muerte le guarda un as en la manga. Jack Andraka, un joven de 15 años, natural de Maryland, sufrió la muerte de un amigo debido al cáncer de páncreas y no quiso quedarse de brazos cruzados. Curioseando en Google, Wikipedia, y en ficheros académicos muy similares a los que se descargaba Aaron Swartz, ha acabado ideando un método de detección precoz de cáncer de páncreas, ampliable para el de ovarios y pulmón. Por supuesto, a las empresas farmacéuticas no les gustará que un test tan barato (tres centavos de dólar contra 800 dólares) llegue a poder comercializarse, pero la salud no es negociable. ¡Bendita curiosidad! Una cosa te lleva a la otra; un enlace te lleva a otro; y, de repente, se produce lo que previamente a la curiosidad sólo se podía concebir como un milagro. No me digan que no es para concederles el Premio ‘Princesa de Asturias’ a la Curiosidad, aunque sea, en el caso de Aaron Swartz, a título póstumo, y para demostrar que empezamos a ponernos del lado de los buenos, de esos que piensan que el libre acceso al conocimiento, es un atajo hacia el bien común.

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CATORCE AÑOS DE JAZZ

Tras catorce años de incondicional cariño y de una entrañable fidelidad, hoy he acompañado a Jazz, nuestra perra labrador, en su último paseo. Sé que estas líneas serán mejor entendidas por los que conocen el sentimiento y el vínculo de afecto que se produce entre perros y humanos; sé que para los que lo desconocen puede resultar exagerado, pero hoy nado a contracorriente en un turbulento río de pena y dolor. Para nosotros, Jazz ha sido la mejor perra del mundo. La más simpática, la más lista y la más cariñosa. Todos decimos cosas similares de nuestros perros. En estos catorce años nos ha enseñado el verdadero significado de la lealtad; de la alegría por los pequeños detalles; de la importancia de una mirada y del impagable placer de, en cualquier situación, sentir siempre su hocico a tu lado. Cuando la comunicación va más allá del puro instinto, sobran las palabras y basta con una caricia. Jazz nos ha demostrado que es posible una vida sin mentiras, sin falsedades, sin hipocresías, y sin alevosos y enrevesados mensajes. Todo es más sencillo de lo que pensamos. El sentido natural de las cosas; la agradable corrección de los sentimientos; la renovada vitalidad de cada día por encima de lo que nos empeñamos en calificar como rutina; y un suspiro a tiempo. Hoy, después de Jazz, somos mejores. Ella nos ha hecho mejores. Y siempre va a estar en nuestros corazones; en la memoria instantánea de nuestros recuerdos; y en la cadencia de la candidez de su sonrisa. Porque sé que al otro lado de los sueños, como le dijo Gandalf a Pippin, ‘el velo gris de este mundo se levanta y todo se convierte en plateado cristal. Y, entonces, ves la blanca orilla y más allá la inmensa campiña verde tendida ante un fugaz amanecer’. Hoy he perdido el miedo a la muerte. Sé que cuando me toque dar a mí también el último paseo, Jazz de Rivendel Bay, va a estar ahí para recibirme. Y volveré a abrazarla para decirle: Jazz, la perrita más simpática, más lista y más cariñosa del mundo.

JAZZ

COPYCONTROL

Como un pirata. Así me veo después de comprar un disco y leer, tarde, la letrita pequeñita de la contraportada: Este disco utiliza tecnología Copy Control, o si lo prefieren, como lo dicen los franceses, que para eso son más rebuscados, Ce disque contient un dispositif technique limitant les possibilités de copie, o como los alemanes, que no se andan con tonterías y te lo dicen con dos palabras, que son menos palabras que en francés pero que acojonan más, Kopiergeschülztle Disc. ¿Sí o no? Las tres advertencias, que son la misma, parecen decirnos tres cosas distintas. En castellano se limitan a informarnos de qué tipo de tecnología utiliza el disco, pero no de sus efectos secundarios (porque estas cosas ya hay que leerlas igual que el prospecto de un medicamento). En francés, ya nos comentan algo sobre un dispositif que limita la possibilité de tostarnos una copia per le rumbé. En cambio, los alemanes parecen advertirnos en serio y de entrada nos amenazan con una colleja en cuanto se nos ocurra ‘tostarlo’. Le petit putadé de esta levantada de camisa, bautizada como Copy Control, es que si quieres escuchar el disco en tu coche y tu radio-cd es lector de mp3, el disco se resiste a ser leído y te lo tienes que llevar a tu casa, donde compruebas una y otra vez, que tus conocimientos informáticos de usuario ‘tocateclas’ estándar son del todo insuficientes y que no sólo no puedes tostarte el disco en mp3 para llevar tu copia en el coche, si no que únicamente puedes reproducir el disco con su propio reproductor, y tú, desconsolado, te comes tu reproductor del iTunes avec pommes frites. Y hasta donde yo sé, pagamos una prestación pecuniaria convenida por copia privada, que nos es cobrada cada vez que compramos un disco virgen, el soporte en el que vamos a grabar el disco que nos han vendido (IVA incluido) y que no podemos escuchar en el coche. En definitiva, pagamos por nada, y cuando uno paga por nada, huele a timo, y si te están timando, el mercachifle responsable de la venta ilegal debería aclarar un par de cosas en el juzgado de primera instancia más cercano. ¿Con qué o quién quieren acabar? ¿Con los aparatos de radio-cd con lector de mp3 de los coches? ¿Con los compradores de discos originales? ¿Quieren que me cambie de coche? Porque si lo que pretenden es torpedear la piratería, lo único que consiguen, es fomentarla. Por eso recomiendo navegar por Internet y bajarte (como botín) la música que tú quieras, para escucharla cómo, cuándo y dónde tú quieras. Qué se fastidien. ¿No te han tangado ellos vendiéndote un disco original que no lo puedes oír cuando ni donde tú quieres? Pues al grito de ¡al abordaje! te descargas el material que previamente has pagado, y ya que has soltado amarras y estás con el sable entre los dientes, arrambla y apropíncuate de todo aquello que tenías en vinilo y ahora puedes tener en cd. Nadie vende escobas que no barren, ni bombillas fundidas, ni diccionarios sin palabras. El Copy Control, que lo activen en las pruebas nucleares y en las minas anti persona, y entonces los demás nos iremos con la música a otra parte. Posiblemente, a recorrer los mares. Como un pirata.

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BASURA ESPACIAL

Hay noticias que van apareciendo en los medios con una frecuencia anual, noticias que parecen estar destinadas simplemente a rellenar un espacio de maquetación, pero que, año a año, varían sustancial y amenazadoramente su contenido. Una de estas noticias-advertencia volvió a aparecer hace un par de semanas y hace referencia a la basura espacial, es decir, a los objetos artificiales sin utilidad que orbitan la Tierra. La foto desde luego es para acojonarse y plantearse seriamente si salir a la calle con paraguas aunque no llueva puede ser un nuevo hábito que lejos de ser excéntrico puede resultar una estrategia defensiva para protegerse de la posible caída en barrena de un resto de cohete o de satélite. La foto, insisto, es para empezar a preocuparse menos por lo que ocurre aquí abajo y empezar a prestarle algo más de atención a lo que flota a la deriva por encima de nuestras cabezas. En la imagen se ve claramente cómo la Tierra está rodeada por una capa brutal de chatarra que abarca todo el perímetro terráqueo por los cuatro puntos cardinales. A finales de 2003 había unos 10.000 objetos catalogados, no obstante, se estima en más de 50.000 el número de objetos mayores de un centímetro. Según la revista Nature, EEUU tiene fichados en la actualidad más de 9.000 objetos artificiales, con un peso total que supera las cinco toneladas, o sea, que tenemos 9000 posibilidades de hacer el gilipollas si salimos a la calle resguardándonos con un paraguas, porque si tenemos la mala suerte de que el chinazo espacial nos caiga en todo el cogote, les vamos a ahorrar una pasta a los de Santa Lucía. La mayor parte de estos aparatos están en ruina y constituyen un gran riesgo para las misiones espaciales, de hecho, ya empieza a ser una realidad que a partir de 2055 salir hacia el espacio será una misión prácticamente imposible. Por no mencionar la desastrosa impresión que se van a llevar los primeros extraterrestres que lleguen a nuestra órbita terrestre. Antes de aterrizar nos van a poner de guarros para arriba, y, posiblemente, viendo el basurero del que estamos rodeados, ni se les ocurra poner un pie (o lo que tengan) en la Tierra porque pensarán que todos los terrícolas sufrimos un galopante síndrome de Diógenes y vivimos inmersos en un mar de mierda y chatarra inservible. Y nosotros, como unos pavos, mirando hacia las estrellas silbando las cinco notas de la película ‘Encuentros en la 3ª fase’. Ya nos podemos ir poniendo las pilas e ir pensando en cómo reciclar toda esa capa de toneladas de fragmentos de chapa y pintura porque nos estamos enjaulando y nadie sabe dónde está la llave. A ver si resulta que el pirado de Abraracúrcix, el mandamás del irreductible pueblo galo, no estaba tan pirado, y resulta que tenía razón al insistir en que más que a los romanos, a lo que había que temer, es a que el cielo caiga sobre nuestras cabezas.

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