MADRUGADAS TELEVISIVAS

Mucho se ha hablado y escrito sobre la mierda de televisión que tenemos, pero poco o casi nada, sobre la inquietante, insultante y rastrera programación televisiva que ocupa la franja horaria de la madrugada. La opción televisiva a esas horas es bazofia o basura. Por un lado es rescatable el canal de TVE de 24h, dedicado a dar noticias en un bucle sin fin, y está bien, pero claro, a los veinte minutos ya te has enterado de las noticias y de la predicción meteorológica y vuelta a empezar, con lo cual, a una tercera pasada ya te sabes las noticias de memoria y a qué hora aparecerán bancos de niebla por algunas zonas del Cantábrico. Así que vistas las noticias las opciones empiezan a reducirse a cambiar a un par de canales que sólo emiten dibujos animados, unos dibujos trepidantes y modernos que quizás, con la intención de alejarse de los tradicionales Looney Toons y de aquellas ‘fantasías animadas de ayer y hoy’, se han autoparido en un engendro animado sin pies ni cabeza, sin trama ni moraleja, y que no logran despertar el más mínimo interés. Otra opción es irte a otro canal de la pública que se nutre de capítulos inconexos de ‘Águila Roja’, con historias similares a las de los canales de dibujos animados pero con seres humanos. Visto lo visto, algunos canales ofrecen unos selectos programas musicales con pianistas anfetamínicos interpretando piezas de música de ascensor, acompañados por una panda de figurantes que simulan estar tocando diversos instrumentos. Una vez has comprobado que el violinista, en el solo de violín, en realidad está rellenando una bonoloto, vuelves a cambiar de canal, y tras comprobar que los bancos de niebla del Cantábrico siguen en su sitio, llegas a los canales de teletienda, ahora actualizados como ‘infocomerciales’. Objetos imposibles puestos a la venta por expertos charlatanes de feria que van desde exprimidores sin pilas que funcionan con el simple parpadeo de los ojos, a cremas y potingues milagrosos basados en rastros de lapos de caracol, cagarrutas de hipocampo caribeño, o semillas de floripondios tibetanos. Mención aparte del tradicional juego de cuchillos que cortan el mismísimo acero, o el aparatejo chivato que te acoplas en el pabellón auricular para quedarte con la copla de cómo te está poniendo a parir el vecino que vive al otro extremo del edificio. Una vez desechada la opción de compra de estos artículos puedes probar suerte en los concursos del tipo ‘De qué color era el caballo BLANCO de Santiago’, y tras comprobar que los que llaman contestan que ‘azul’ o ‘marrón’, mientras una agresiva presentadora amenaza con iniciar una cuenta atrás, vuelves a cambiar de canal y te encuentras con un torbellino de propuestas de citas sexuales, todas con el prefijo telefónico de Sebastopol. Una rápida confirmación a la situación de los bancos de niebla en el Cantábrico y ¡zas!, con sólo pulsar un botón accedes a varios canales con videntes extrañísimos, seres de este planeta con ínfulas de otra galaxia que amenazan con convertirse en los precursores de la nueva ola de botulismo televisivo que nos tienen preparada la panda de fanfarrones que se lo están llevando crudo a costa de pergeñar programaciones, hábilmente diseñadas sobre los gustos de la audiencia. Ya. Y los cuchillos cortan el acero.

lunatv

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CARTA A LOS EXTRATERRESTRES (How I wish you were here)

Estimados amigos del espacio exterior:

Por la presente me dirijo a ustedes con la firme certeza de que si, llegado el caso, ustedes se estuvieran preguntando si este sería un momento adecuado para aterrizar por este planeta, no lo duden y no se lo piensen dos veces, su presencia sería más que bienvenida y marcaría un necesario punto de inflexión en nuestra rutina terrestre. Con esta propuesta e invitación, no me estoy refiriendo a un encuentro en la tercera fase con misteriosos platillos que aparecen y desaparecen del cielo por arte de birlibirloque, ni a curiosas y pizpiretas señales luminosas, o a extraños dibujos en hectáreas de trigales, no, me refiero a un encuentro serio y formal, lo que nosotros por aquí llamamos un encuentro civilizado. Es decir, sería deseable que no se presentasen de sopetón y sin previo aviso, porque tal y como están las cosas, en una de esas nos pillan con el paso cambiado y, no sería la primera ni la última vez, haciendo gala de nuestra innata incredulidad seriamos capaces de no darles ni bola. Por ejemplo, ahora, por aquello de que tenemos que ‘hacer caja’, estamos atareadísimos con varias guerras que, a su vez, nos plantean un complejo problema de acogida de refugiados políticos, y por si eso fuera poco, andamos a la gresca con un par de asuntos de ‘quítame allá esas independencias territoriales’, por lo que les rogaría que, sin prisa pero sin pausa, pactáramos de antemano el día y la hora para llevar a cabo las presentaciones como Dios manda. Y, en el supuesto caso de que ustedes se estén preguntando que quién es ese tal Dios que nos indica cómo hacer las cosas, razón de más para que nos veamos y, ya que vienen ustedes del espacio exterior, nos cuenten si alguno de los suyos lo ha visto recientemente por alguna galaxia, o si simplemente es una creencia exclusiva nuestra que se nos ha ido de las manos. Insisto, su visita establecería un claro antes y después en nuestras vidas, en el devenir de nuestro planeta, y nos ahorraría una infinidad de debates y de tonterías sobre quién es más listo que el otro y quién la tiene más grande. Sobre los inicios del planeta, y de nosotros mismos, comprobarán que tenemos teorías para dar y vender, desde complejos estudios científicos sobre la evolución, a extravagantes historias en las que cobra cierto protagonismo una costilla, pero ustedes no se preocupen, estamos abiertos a revisar nuestra información en base al planteamiento que ustedes nos propongan. En nuestros años 70, les enviamos en las sondas espaciales Voyager 1 y Voyager 2, sendos vinilos de oro con música y sonidos de la tierra. Pues bien, por si ustedes ya no tienen tocadiscos, ahora estamos en disponibilidad de ofrecérselos en otros formatos más acordes con la tecnología como wav o mp3. Lo dicho, anímense a dejarse caer por aquí, que tenemos mucho de que hablar.

Sinceramente suyo.

Un humano despistado.

cartaextraterrestres

ESTÁN AQUÍ

Cuando ustedes lean estas palabras, yo ya no estaré. Me llamo Harry Cough y soy un estafilococo. Estoy al mando de un grupo organizado de bacterias especialistas en provocar molestos estados gripales. Hace cuatro días tomamos al asalto el organismo del autor de este blog, pero a día de hoy, las cosas han cambiado mucho. Nuestro ataque fue perpetrado matemáticamente, con alevosía y nocturnidad. Aprovechamos una repentina bajada de temperatura. Escogimos la última noche de luna llena, antes del veranillo de San Miguel. Lo que para ustedes supone un clima traicionero, para nosotros supone un clima propicio. Fue fácil porque entre mis filas cuento con cepas de alto rango y distintas bacterias y virus que se han curtido en más de una estafilococia. Aun recuerdo la alegría de Johnny Mocardo y los Snifs, una banda de estreptococos, expertos de narices, cuando tomaron posiciones en las vías nasales mientras soltaban los primeros chorretones de mucosidad. Ahora esas fosas, aunque algo escocidas, están prácticamente secas. Huele a kleenex y eso significa malas noticias. No sabemos nada de Johnny ni de ninguno de sus Snifs. Sabíamos que su último minuto sería sonado, y en eso también nos diferenciamos, porque para ustedes la vida es un pañuelo y para nosotros un pañuelo es la muerte. Como decía Johnny Mocardo: El día que pase a mejor vida, espero aterrizar en la tocha de Tony Montana. Ese es el precio del poder. Somos victimas de los síntomas que provocamos. Un atisbo de congestión nasal, una carraspera, unas buenas toses, y en lo que dura un estornudo, somos localizados. Y ahí empieza nuestro final. El tal Aldeguer, nos tiene acorralados y no parece ser su primera contienda. Lleva tres días bombardeándonos con tabletas que contienen, cada una, 750 mg de amoxicilina. Y no contento con lanzarnos cada ocho horas una de esas cargas de profundidad armadas con penicilina semisintética activa, nos ha sumergido en una lluvia efervescente con sabor a naranja y que desprende en el ambiente vitamina C. El más mínimo contacto con esa vitamina y tenemos los minutos contados. Nos hicimos fuertes en la garganta, pero ni por esas, un intenso olor a eucalipto ha arrasado con los nuestros, que han sido violentamente expulsados envueltos en espesos esputos. Ya no hay esperanza. Si hubiese tardado un día más en localizarnos, si no nos hubiese dado importancia, le habríamos sometido a un serio proceso febril, pero esta vez no se ha andado con tonterías y ha convertido una prometedora gripe en algo personal. La prudencia ha sido su factor sorpresa, doble sorpresa para nosotros porque manejábamos unos informes sin actualizar que nos describían a un terrícola poco dado a tomar precauciones. ¡Ja! Nos llegan noticias del exterior. Un Enterococcus Faecalis, dice haber visto a Johnny Mocardo y un puñado de Snifs, haciendo rafting por un entramado de tuberías que les conduce directamente al trasvase Tajo-Segura. Ese Johnny es un moco duro de sonar. A los que resistimos, el bloguero nos ha dado un ultimátum: el lunes, vamos a ser escupidos al exterior en pleno eclipse anular de sol. ¡Y no disponemos de ningún tipo de protección! Seremos fulminados por los rayos solares. No tenemos gafas, ni siquiera un trozo de partícula de cristal de soldador, ni un cachito de radiografía, nada. Para un estafilococo, el futuro suele ser incierto, pero para un estafilococo ciego, el futuro es muy negro, tan negro como el sol del eclipse. Alea iacta est. Cuando ustedes lean estas palabras, yo ya no estaré. Me llamo Harry Cough, y soy un estafilococo.

estafilococo

LA BALADA DEL COYOTE SOLITARIO

¡Miic Miic! Odio ese sonido. Suele ir precedido de un estupido gorgojeo y con el paso de los años ha acabado grapándose en mis orejas. Me llamo Wile E. Coyote, y acabo de descubrir que por mis venas corre tinta porque simplemente soy un maldito dibujo animado. He conocido el mundo en blanco y negro y me he dado batacazos de todos los colores, pero hasta aquí he llegado, me he cansado de vivir la farsa que varios dibujantes, durante décadas, han entrelazado con mi destino. Siempre sospeché que una mano negra dibujaba mis trazos con un único propósito: sacar provecho de mi mala pata. El jodido pájaro nunca llegó a pronunciar una maldita palabra, se limitaba a proferir su asqueroso gorgojeo seguido de un desagradable y estridente ¡miic miic!, el mismo ¡miic miic!, que ha taladrado mis oídos desde el primer folio que me vio nacer, desde el primer fotograma que me vio correr. Llevo colgado en este garito de carretera desde hace un par de días y unas cuantas botellas de bourbon, la música que suena por los altavoces no va acompasada con mis movimientos y deposito lo que me queda de mirada en un viejo maletín negro que misteriosamente siempre me ha acompañado. Desaparece y vuelve a aparecer, intacto, con sus impolutas y serigrafiadas letras doradas: ACME. El maletín de esta gente me ha proporcionado todo tipo de complejos y sofisticados inventos, supuestamente fabricados con la específica intención de atrapar a ese espantoso correcaminos, pero de todos esos siniestros artefactos, la única victima he sido yo. Trucos trucados, trampas que funcionaban al revés y artilugios que me han roto más de una costilla, solo eran los prólogos inacabados de las mil y una caídas por precipicios que he tenido que sufrir y los mil y dos atropellos de camiones y trenes que me han dejado estampado en el asfalto. Por no mencionar la de rocas de varias toneladas que me han rematado episodio sí episodio también. Y todo para nada. El círculo se ha cerrado. No tiene sentido perseguir a un pollo veloz que basa su vida en el extraño placer de verse y sentirse perseguido por mí. A nadie le ha sentado tan mal la fast food como a mí. Nadie persigue eternamente lo inalcanzable. Me dibujaron para perder y ahora yo me borro para ganar. Poner fin a mi persecución pone punto y final a su huida. Cuando ese pajarraco no encuentre entre su plumaje la esencia de su pasión por correr, buscará refugio entre sus congéneres, en alguna granja perdida y un día, una descarga voltaica de un generador marca ACME, pondrá sus fibrosos muslos rumbo a algún Kentucky Fried Chicken. Sólo hay algo peor que ser un dibujo animado: ser un dibujo rebozado y frito. Por mi parte, ese pollo flatulento ya puede irse buscando un nuevo partenaire, eso, o una bolsita de salsa barbacoa. Ahora sé que soy una mancha de tinta y que podré hacer borrón y cuenta nueva. A pesar de que el camarero que me está sirviendo otro bourbon en este garito de carretera, haya picoteado todos mis panchitos y esté a punto de soltarme su estruendoso ¡miic miic!

Coyote