BLOG DE MONKEY BUSINESS 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.500 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 42 viajes para llevar tantas personas.

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EL RINCÓN DE LAS COSAS PERDIDAS

Nadie sabe adónde van a parar las cosas que se pierden. Y no me refiero a las cosas que uno ha olvidado dónde ha guardado, no, me estoy refiriendo a las cosas que de repente desaparecen, sí, tal y como acaban de leer, las cosas que de-sa-pa-re-cen. Objetos que uno recuerda haber tenido en sus manos y que por arte de birlibirloque se esfuman de su propia existencia y son engullidos por otra dimensión, una dimensión que va y viene, que no avisa y que se agencia de todo aquello que carece de cualquier tipo de adhesividad a una remota línea temporal. Las misteriosas desapariciones empiezan a hacer acto de presencia desde nuestros primeros días de cuna, biberones y pañales. Qué madre y qué padre no recuerda haber depositado a su retoño en la cuna mientras éste duerme a pierna suelta chupando con una asombrosa técnica su chupete. Hasta aquí todo correcto, pero el asunto se enturbia cuando a la mañana siguiente el bebé te despierta con sus lloros y tú te diriges con la legaña puesta a darle de nuevo el chupete. ¿Sí o no? Buscas entre las sábanas de la cuna, buscas debajo del colchón de la cuna, buscas por toda su habitación, buscas entre sus pañales, y no aparece. Descubres que el chupete ha desaparecido y sabes que el niño no se lo ha tragado y que el chupete no se ha autodestruido. Y en un acto de desesperación y sin recordar que el bebé solo tiene tres meses, le preguntas que dónde ha puesto el chupete. El chiquitín nos da la llorada por respuesta y empezamos a rebobinar intentando recordar en qué momento le dimos el chupete la noche anterior. Y tras unas dudas mañaneras logramos tener la certeza de que sí se lo dimos antes de acostarle. Pero ahora ya no está. Y no vuelve a aparecer y nos damos por vencidos zanjando el asunto comprándole otro en la farmacia. A veces, al cabo de los años, el chupete aparece en otro lugar de la casa y ya ha pasado tanto tiempo que no le damos importancia a esa prueba irrefutable de que jamás podremos encontrarle explicación a ciertos misterios, porque con ciertos misterios, lo mejor que podemos hacer es aprender a convivir. Intentar desentrañarlos solo nos lleva a un callejón sin salida y con una frase aparcada bajo la luz de una farola: algunas cosas son como son, y lo que tenga que ser, será. Y el mismo misterio del chupete sigue ocurriéndonos con juguetes, con libros, con cd´s, con llaves, con calcetines, con papeles, con piezas de puzzles, con grapadoras, con fotografías, con chinchetas, con lo que sea. Muchas cosas desaparecen, y, si tan misteriosa es su desaparición, aun más lo es, llegado el caso, su aparición. ¿Adónde van a parar todas estas cosas? ¿Por qué no dejan ningún rastro? No lo sé. Unos hablan de mundos paralelos, otros de dimensiones caótico/temporales y otros de duendes cleptómanos. Lo cierto es que en algún lugar de la vida, en algún minuto eterno del universo, nos aguarda, perdido, nuestro rincón de las cosas perdidas. Y en ese rincón, volveremos a jugar, volveremos a soñar, volveremos a tener esperanza, y volveremos a descubrir que todo aquello que creíamos haber perdido, siempre estuvo con nosotros en un rincón del que sólo nosotros tenemos la llave, y esa llave tiene una curiosa forma. Esa llave tiene forma de chupete, aquel que un día perdimos y que nunca encontró nadie.

chupete

CHISPAS

Algunos hablan del talento como algo innato; una virtud ilimitada; un talento portentoso, un talento fuera de lo común; o un talento singular y mágico. Lo miden en toneladas y se dice de los que lo poseen que lo tienen a raudales. Visto así, uno acaba pensando que el talento es algo palpable; un concepto que se compra al peso en un puesto del Mercadillo de las Habilidades, y que tiene un uso similar al de una batería de un teléfono móvil. Coges tu talento, le conectas un cable mini usb, lo enchufas a la red, te vas a dormir, y por la mañana, al despertarte, ya vuelves a tener tu talento recargado y te sientes preparado para interpretar la versión musical de Romeo y Julieta, sin ensayar, e interpretando a la vez tanto el papel de Romeo como el de Julieta. Desde luego, la idea no estaría mal si no se corriese el riesgo de quemar la batería a base de continuas e innecesarias cargas. Me gusta más la idea de pensar en el talento como algo que no es recargable, algo que tiene más que ver con la energía renovable que con la constante acumulación de flujo eléctrico. El talento se cultiva. Tenemos toda una vida para cultivarlo, cuidarlo, verlo crecer, recogerlo, asimilarlo, volver a sembrarlo, y, en lo posible, se recomienda no fumigarlo con pesticidas y agentes químicos externos, porque si corrigen al instante ciertos defectos, potenciando virtudes no adquiridas previamente, a corto plazo produce un efecto rebote que acaba por apagarlo, activando el fulminante proceso de lo que pudo haber sido y no fue. Por eso, si tuviese que elegir una medida con la que poder medir el talento, elegiría la chispa. Porque, quizás, el elemento prioritario del que se compone el talento sea el de una actitud constante de aprendizaje y curiosidad. Y es entonces, y solo entonces, cuando el talento comienza a generar chispas. Chispas que iluminan creatividades; chispas que muestran atajos; chispas que encienden la sensación de saber que estás haciendo lo correcto. Una chispa de riesgo; una chispa de valentía; una chispa de tenacidad y otra de pasión. Pues bien, todas y cada una de esas chispas son las que tengo el placer de observar en todos y cada uno de mis alumnos de la Escuela de Doblaje de Madrid. Gente que ha decidido subirse al atril para emprender un particular viaje de sensaciones y emociones; gente que se esfuerza en aplicar la técnica para aprender a dejarse llevar por el ritmo de su intuición; gente que se asoma a la vida de otros personajes para comprobar que siempre, todos, tenemos puntos en común; gente, en definitiva, con talento. Gente con chispa.

chispas

LA PREGUNTITA

¿Doblaje o versión original? Antes, la preguntita de marras solo era planteada a personajes relacionados con el medio audiovisual. Ahora, no. La preguntita se ha convertido en un arma de doble filo, en la puyita recurrente para alargar un cuestionario, en una trampa segura para el entrevistado, porque según conteste, así se define. Y conteste lo que conteste, será, o por los unos o por los otros, sometido a un juicio paralelo por el cual se le presupondrá más o menos tonto o más o menos esnob, o incluso, en casos muy puntuales, más o menos de las dos cosas. He escuchado y he leído argumentos que defienden tanto la versión doblada como la original desde posturas mas cercanas al fundamentalismo mediático que a la convivencia cultural. Es decir, quien defiende la versión doblada esgrime que el desconocimiento del idioma y la pereza de leer subtítulos le hacen huir de la versión original. En cambio el purista de la v.o.s, pone en tela de juicio la traducción y la interpretación de los textos, llegando a calificarlos como un atentado a la esencia del producto en cuestión. Stanley Kubrick, por ejemplo, era un apasionado del doblaje porque prefería que el espectador fuese a ver sus películas y no a leerlas. Aunque, el doblaje de El Resplandor, estableció un antes y un después en el número de despropósitos que se pueden cometer en una sala de doblaje. O sea, que se confirma la teoría de Einstein sobre que el ser humano nunca llegará a entender todo del todo. Hoy por hoy, el progreso de los avances tecnológicos está consiguiendo equiparar las dos versiones, transformándolas en opciones. Existe una tendencia clara a potenciar la capacidad de elección por parte del espectador. El sistema dual y el teletexto, la televisión digital, que ofrece la posibilidad en muchas ocasiones (deberían ser todas) de acceder al sonido original y a los subtítulos, la lenta pero constante proliferación de salas de cine en v.o.s, y el mercado del dvd y el blueray, que permite la oferta de numerosas posibilidades y combinaciones de acceder a las distintas versiones sonoras y de subtítulos. Es decir, que estamos llegando al cruce de caminos de las dos versiones, donde conviven en un cómodo ámbito de tolerancia. La capacidad de elección tiene mucho que ver con la libertad, más aun si uno es libre de ver la película las veces que quiera doblada y las veces que quiera en versión original y con subtítulos en hebreo o en finés. Por lo que a mi respecta (y soy adicto a la v.o.s. Ya saben, en casa del herrero…), les aseguro que somos más de uno, dos, tres y cuatro, los que intentamos que el doblaje de una película, sea en todos los aspectos posibles, lo más fiel a la versión original. Es similar a colorear una película de blanco y negro. Los desarrollos informáticos consiguen ofrecernos una gama de colores clavada a la realidad. Y la posibilidad, si queremos, de pulsar un botón de nuestro mando a distancia y quitar el color, volviendo a ver la película de nuevo en blanco y negro. Pues bien, aun con esta posibilidad de elección, les aseguro que hay algún badulaque que se atormenta porque asegura ver la gama de grises cambiada. A estos tipos, ni caso. ¿Warhol o El Greco? ¿El País o La Razón? ¿Mamá o papá? ¿La Primera o la Dos? ¿En tu casa o en la mía? ¿Doblaje o versión original? Pues eso. Doblaje y versión original. Y como eso, en todo.

lapreguntita

FOGONES GALÁCTICOS

Tópicos aparte sobre la siesta y la programación vanguardista, lo cierto es que la 2 es el único reducto gratis en el que poder someter a la curiosidad propia en el sorpresivo universo de las ocurrencias del ser humano. Huyendo del empeño de algunas cadenas en vendernos las facultades histriónicas de Steven Seagal, recalé en la 2 y me zampé unos curiosos documentales sobre Ferrán Adriá y El Bulli. La música que acompaña a las imágenes es suave y cautivadora como la espuma de perejil que acompaña a un corazón de minialcachofa escalfado en jugo de cordero. Me admira la confabulación de unos cuantos escogidos para elevar a categoría de divino el simple hecho de alimentarse. No, una cosa es alimentarse, y otra muy distinta es dejarse llevar por el esnobismo implícito que conlleva la puesta en escena de un espectáculo gastronómico aderezado con sutiles y confusas teorías que van desde mantener un dialogo con un tomate cherry confitado antes de cortarlo a evocar a partir de una textura comestible toda una tesis filosófica sobre algo tan discutible como el ‘paladar mental’. Adriá y sus cocineros templarios mantienen un discurso único y se les ilumina el rostro cuando intentan explicar sus elaboradas recetas, producto de mezclar una cazuela, una máquina de coser, una desbrozadora eléctrica y los conceptos más elementales del Cheminova. El resultado es un desfile de sibaritismos experimentales que te permite, por ejemplo, degustar un bocadito de liofilizado de gelatina fría de infusión de piña verde de pino mediterráneo, mezclada con ácido ascórbico, polvo de merengue seco de pasta de regaliz, nitrógeno líquido, brotes de sisho, un tipo de menta asiática que posee notas de albahaca, y un cuarto de hueva de un pez bizco extrañísimo que sólo nada en un rincón de sombra de un meandro imposible del Gran Cañón del Colorado. Insisto, me quedo boquiabierto ante la habilidad con la que nos venden toda esta parafernalia comestible, y más ojiplático aún con la suculenta cifra que corona el papelito que te traen al terminar los postres. El espectáculo está servido y allá cada uno con su capacidad de engullir y digerir capullos de margarita siberiana en vinagreta de tuétano de ornitorrinco, pero, frivolidades aparte, una cosa es matar el gusanillo, y otra muy distinta, es comérselo.fogonesgalacticos