EL RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA

Cada hora en punto, entre las nueve de la mañana y las nueve de la noche, una multitud de turistas se congrega bajo la Torre del Ayuntamiento Viejo de Praga para ver el curioso espectáculo del mecanismo del reloj astronómico. El reloj tiene más de seiscientos años y cuenta la leyenda que fue construido por el maestro Hanus y por su ayudante Jakub Cech. Los ediles de Praga cegaron al maestro Hanus para evitar que pudiese construir una réplica del reloj, y su ayudante Cech, lo vengó introduciendo una mano en el mecanismo e inutilizándolo a costa de quedarse manco. Si bien el movimiento de las figuras no es un alarde visual, la puesta en escena invita a comprender el simbolismo histórico del reloj. Las cuatro figuras principales representan las ansiedades cívicas más profundas de los habitantes de Praga del siglo XV: Vanidad (un hombre que sostiene un espejo); Avaricia (un comerciante con su bolsa de dinero); Muerte (un esqueleto); y Lujuria (un Príncipe turco que toca la mandolina, y que además representa la invasión pagana). A cada hora en punto, las figuras se ponen en movimiento. El vanidoso se mira en el espejo; el avaro comerciante mueve su bolsa; la Muerte, blandiendo una guadaña, toca una campana y le da vuelta a su reloj de arena; el lujurioso Príncipe turco, mueve la cabeza mostrando, según unos, su negativa a acompañar a la muerte, y, según otros, para dejar bien claro que siempre acecha. Mientras, los Doce Apóstoles se dan un garbeo por las vidrieras de encima del reloj. Como colofón, un gallo dorado canta, para dar paso al sonido de las campanas. Puede que la escenografía, a simple vista, parezca un tanto simple, pero no deja de resultar curioso que después de más de seiscientos años, la lectura del paso del tiempo nos siga recordando la misma historia que se sigue repitiendo año tras año, campanada tras campanada. Vanidad, avaricia, muerte y lujuria. Cuatro conceptos que marcan la oscura sombra del tiempo que pasa de igual manera para todos. Por eso el reloj, más allá de dar las horas, parece ofrecernos un recordatorio, una extraña advertencia sobre las consecuencias de matar el tiempo entre esas cuatro variantes. No en vano, dicen que si se para el reloj, lo mismo le sucede a los ciudadanos de Praga; que si se rompe, viene un mal año; y que si alguien lo menosprecia o trata sin respeto, será castigado. Es decir, que si importante es el tiempo que tenemos, más importante es en qué empleamos ese tiempo. Porque si ese tiempo lo perdemos mirándonos en el espejo; moviendo nuestra bolsa de dinero, blandiendo una guadaña, o tocando una mandolina turca, el único tiempo que nos quedará será el justo para escuchar por última vez cantar al gallo dorado. Y, a continuación, las mudas campanadas del silencio.

20150313_090149

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s