EL TROMPAZO DEL ELEFANTE

Parto de la convicción de que ya ha llegado el momento de que los animales dejen de formar parte del circo. Es hora de reciclar el mundo circense con otro tipo de entretenimientos que no precisen de la involuntaria colaboración del reino animal, pero esta es una simple historia de amistad, y, como tal, espero que se entienda. Alexia y Mambo son algo más que amigos y trabajan juntos en el Gran circo Mundial. Su relación es bastante más humana que la que mantienen algunas parejas en permanente estado o de guerra abierta o de llamar a sus respectivos embajadores a consulta. Alexia es oficial y profesionalmente la domadora de Mambo, un elefante africano de 28 años que se alimenta de 150 kilos de alfalfa y fruta diarios, y para bajarlos se arrea entre trompa y colmillos 250 litros de agua. Los dos han pasado muchas horas juntos, entrenando, conociéndose y mirándose. Ella le habla y él, le contesta con una serie de barritos que sólo Alexia parece entender. Un barrito corto viene a ser un ‘¡no fastidies!’; dos barritos cortos y uno largo, viene a querer decir ‘¡Joder, qué vida, me estaría todo el día comiendo!’; y así toda una larga serie de combinaciones de barritos de distinta intensidad que marcan la comunicación entre dos, a partir de un código sonoro de palabras sin letras. Función tras función, Mambo y Alexia reciben juntos los aplausos de un montón de niños boquiabiertos y alucinados, especialmente, cuando el paquidermo se pone a dos patas (momento estelar en el que Mambo siempre aprovecha para soltar un barrito corto, seguido por dos largos y otros tres cortos, que quiere decir, más o menos, ‘¡Soy el elefante más cojonudo de este puto circo!’. Y a continuación se descojona y con la trompa, recoge suavemente a Alexia desde lo alto de su lomo y la deposita en el suelo. Mambo, como todos los elefantes, tiene una memoria prodigiosa, y eso es bueno cuando recuerdas cosas buenas, pero puede llegar a resultar ser una verdadera pesadilla, cuando lo único que te viene al disco duro paquidérmico, es un mal recuerdo. Días atrás, a punto de acabar su número de sincronizado equilibrismo con Alexia, Mambo dio un traspiés, o mejor dicho, un traspatas y perdió el equilibrio, cayendo con toda la trompa en la arena de la pista, mientras observaba con un ojo, a los niños chillando de estupor, y con el otro, a Alexia rodando por el suelo y golpeándose en el costado con una de las pedalinas. Mambo se pasó dos días con sus dos noches sin dormir ni comer, llorando, recordando una y otra vez, el fatídico momento. Alexia estaba recuperándose en el Hospital de unas lesiones fastidiosas pero leves, y no dejaba de preguntar por Mambo. Muleta en mano, se empeñó en pedir el alta y salio disparada hacia el circo, hacia la jaula de Mambo. Unos dicen que eructó, y otros aseguran que sonrió, pero lo cierto es que cuando Mambo se reencontró con Alexia, soltó un tipo de barrito que jamás antes nadie se lo había oído.   Sólo la acariciaba con la trompa, cuando normalmente la abraza con fuerza. Ella le metía barras de pan y agarrada de los colmillos la levantó en volandas. Una gran simple historia de amistad. Mambo ha vuelto a ser feliz, todo lo feliz que puede llegar a ser un elefante que ha establecido con una mujer, un vinculo que va más allá de cualquier igualdad de géneros. Se sigue alimentando de 150 kilos de alfalfa y fruta diarios, 250 litros de agua, tropecientos aplausos de enanos boquiabiertos, y, por supuesto, la tonelada de cariño que le da Alexia.

mambo

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s