UNA TARDE DE DOMINGO ESCUCHANDO A JAMES TAYLOR

Acústica y limpia, así suena la guitarra de James Taylor, uno de los pocos tipos que ha estado siempre presente en todas mis mudanzas. La música cauntribluséra de Taylor ha sobrevivido a los más complejos y sofisticados cambios en las modas musicales. En mis mejores y en mis peores momentos, siempre ha estado ahí, en vinilo, en cassette, en compact disc, y ahora en mp3. Taylor ha crecido siendo fiel a su música, y esa fidelidad sólo se paga con más fidelidad. No hay un Taylor del principio y un Taylor de la época actual, Taylor es Taylor y ya está. Supongo que uno de los secretos de esta coherencia en una carrera musical, radica en el estilo, en la fusión de hacer lo que más te gusta con la absoluta certeza de que no tienes que recurrir a ningún destello de moda pasajera cuando tu único objetivo es expresarte artísticamente por medio de la música, de tu música. Desde hace algunos años, mantengo la tradición de abrir el otoño con la tarde del primer domingo dedicada a escuchar a James Taylor. Los compases de la versión de Walking Man, del doble cd en directo, son la perfecta banda sonora para que las primeras hojas de los árboles decidan dejarse caer. Pero en estos años, algo más que las hojas de los árboles ha decidido también dejarse caer, y ese ha sido el único cambio significativo de James Taylor en todos estos años: la pérdida del pelo. Fue una pérdida paulatina que duró un par o tres de discos, posiblemente los discos más raros de Taylor, pero que dieron paso a una madurez musical e interpretativa (transmite tranquilidad) que entre otras cosas, llámalo mimetismo, solidaridad o coincidencia, ha hecho que yo, su fiel escuchante que ha crecido al ritmo de You’ve got a friend, de You can close your eyes, o de Secret O’ life, también empiece a lucir orgulloso una tonsura, que me lleva irremediablemente a una sosegada madurez que me permite seguir escuchándole, si cabe, con más atención aún, y con la sensación de que hay vida, y muy interesante, más allá del cuero cabelludo. Cuestión de estilo, de coherencia, de poder hacer lo que más te gusta y tirarte una tarde de domingo escuchando a James Taylor. Tranquilo, sonriente, tocándote la pelusa de la tonsura y llenando los momentos, los recuerdos y los sueños con el sonido de los acordes de una guitarra. La de James Taylor. Por supuesto, acústica.

taylor

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